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Incendios Nocturnos: los asesinos silenciosos y la muerte dulce

28/11/2012

Incendios Nocturnos: los asesinos silenciosos y la muerte dulce
Incendios Nocturnos: los asesinos silenciosos y la muerte dulce

Ejemplo de instalación
Ejemplo de instalación

El peor incendio que se pueda presentar en las viviendas que residimos es aquel que se produce por la noche, cuando estamos durmiendo o descansando. La mayoría de los incendios en las viviendas se inician y desarrollan al principio con combustión completa (Oxígeno al 21%) y por tanto los productos de la combustión son humos, anhídrido carbónico (CO2), vapor de agua (H2O) y productos derivados de la composición química de los materiales que arden (Cloro, Nitrógeno, etc.).

A medida que el oxígeno se consume y no se renueva (en otoño e invierno la estanqueidad de las viviendas es mayor) la combustión se transforma en incompleta, es decir, con deficiencia de oxígeno y los productos de la combustión se multiplican en cantidad y toxicidad, monóxido de carbono (CO) y cianuro de hidrógeno (CNH).

 Estos gases asesinos acompañan a los humos en su desplazamiento horizontal por los techos de la vivienda y en su traslado a través de los pasillos se van enfriando. Cuando llegan a las puertas de los dormitorios, chocan contra los dinteles y van generando lo que se denomina la “línea neutra”. Si el incendio continua, se generan más humos y gases que tarde o temprano rebasaran los dinteles y entrarán en los dormitorios.

 Estos gases tienen parecida densidad con respecto al aire y por tanto cuando están fríos bajan hacia el suelo. Ya solo queda que sean respirados por las personas que duermen y habrán hecho honor a su nombre “los asesinos silenciosos”.

 Los fallecidos en estas circunstancias “no sufren”, ya que el desenlace fatal se produce en un estado de relativa inconsciencia y es por este motivo por lo que se le atribuye el calificativo de “muerte dulce”.

 Para evitar o minimizar este trance solo existe una solución: La detección de los asesinos silenciosos de forma temprana.

 La colocación de un  detector autónomo de incendios en el techo del pasillo de las viviendas, cercano a los dormitorios generará un aviso antes de que los asesinos silenciosos nos afecten. Un sonido agudo nos despertará y con mucha probabilidad saldrá toda la familia gateando hacia la salida de la vivienda.

 Estos problemas, se ven agravados en lo que denominamos “Viviendas Unifamiliares”, donde las zonas de mayor probabilidad de inicio de incendio están en la planta baja y los dormitorios en las plantas superiores. En este caso se deberían instalar cuanto menos un detector por planta, aunque existe la posibilidad de que no oigamos la señal de la planta baja y ya sea demasiado tarde para evacuar, por estar la escalera inundada y con tiro hacia las plantas superiores.

 La implantación de detectores autónomos en las viviendas es de obligado cumplimiento en algunos países del entorno Europeo y no representa una gran inversión ya que existen en el mercado detectores por menos de 20 €. La instalación es sencilla y el mantenimiento solo requiere el cambio de una pila de 9V.  


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